miércoles, 20 de abril de 2011

Los Cómics y yo (Parte I)


Desde que tengo uso de razón me han gustado los cómics. Creo que para muchos de los que nacimos entre los años 50s y finales de los 70s fue parte importante de nuestra niñez.
Era a mi madre a la que le encantaba comprarnos "cuentos" a mí y a mis hermanas, porque ella también creció con ellos. De hecho nos contaba que uno de los recuerdos más bonitos de su niñez era cuando su papá los sacaba a pasear a ella y a sus hermanos los domingos. Después de ir a misa mi abuelo les compraba su "nieve" y su "cuento".
Mis cuentos favoritos de niño eran "La Pantera Rosa", "El Pato Donald", "El Conejo de la Suerte" y otros tantos de personajes de Cartoons. A mi hermana le gustaba leer "Archi". En ese entonces a mí no me llamaba mucho la atención porque lo consideraba muy de "muchachos grandes" (jajaja), aunque tiempo después se convirtió en uno de mis cómics favoritos.
Podría decirse que con "Archi" y algunos arcos argumentales pequeños de Betty tuve el primer acercamiento con una historia emotiva en cómic. Jamás voy a olvidar aquella historia en la que Betty conoce a una anciana que tuvo por novio a un soldado de la Segunda Guerra Mundial. Ambas recuerdan con felicidad aquella relación, pero al final de la historia, cuando Betty se retira y continúa sus investigaciones, descubre con dolor que aquel joven murió durante la guerra. Suena un poco cursi e intrascendente, pero para en ese entonces me llegó mucho.
En aquella época no había niños que no leyera cuentos. A lado de mi casa vivía un amigo al que sus papás le compraban el doble o hasta el triple de cuentos. Pero no sólo le compraban de caricaturas, sino otros menos recomendables para los niños como "El Mil Chistes", y todos los "Sensacionales" habidos y por haber (luchas, traileros, Maistos y Chalanas, Mercados, etc.). A mi madre no le gustaban esos títulos por obvias razones, pero de todos modos yo los leía cuando iba a casa de este amigo jeje. Ahí también conocí otros títulos que me gustaban, pero que no me compraban, como "Condorito" o "Karmatron y los Transformables".
Junto con los cuentos también crecí con las caricaturas (hoy mejor conocidas como dibujos animados o simplemente animación, para la elite especializada).
Ya desde esos tiempos recuerdo que me gustaba inventar mis propias historias basadas en las caricaturas y los cuentos que leía; aunque no las escribía, sólo las imaginaba (qué lástima de no haberlo hecho así, si no, hoy me podría jactar que escribía historias desde mi más tierna infancia).
No recuerdo cómo ni por qué me dejaron de comprar cuentos. Tal vez haya tenido que ver con la difícil situación que pasamos a principios de los 90s. Problemas familiares -de los que no voy a hablar porque no es el momento y porque no creo que a nadie le interese- hicieron que comprar revistas dejara de ser una prioridad. Para esos años pude conseguir mi primer "Nintendo" (el de 32 bits), y a partir de ahí empezó mi tormentosa relación amor-odio con los videjuegos (los videojuegos me han dado mucho, pero también me han quitado mucho). Son dos los videojuegos del NES que más recuerdo con cariño: Ninja Gaiden II y Castlevania II. ¿La razón? fueron los primeros videojuegos conocí que tenían una historia compleja (ojo, dije los que conocí. Sé de antemano que en esa época habían otros tantos como Final Fantasy). Todavía recuerdo con nostalgia la emoción que sentí la primera vez que vi el intro y las "cinemáticas" de Ninja Gaiden... y su música midi jajajaja.


Más o menos cuando en esos tiempos fue cuando redescubrí los cómics, esta vez con los superhéroes. Creo que fue por amigos, que me hablaban maravillas del Asombroso Hombre Araña, que los empecé a coleccionar. En estos momentos estoy recordando una excelente saga de Los Vengadores que tenía completa en la que aparecían unas entidades cósmicas llamadas "Los Tetrarcas de la Entropía". Estúpidamente todos esos cómics junto con otros tantos que tenía los regalé años después.
Mientras tanto, mi pasión y obsesión con los videojuegos continuaba. Como todo buen chamaco con vena creativa, gustaba dibujar a mis personajes favoritos, tanto de cómics, caricaturas y videojuegos. Como a mi madre también le ha gustado desde siempre el dibujo y la pintura, me animó a entrar al Centro Estatal de Bellas Artes. Ahí tuve mi primer contacto con el mundo del arte gráfico y ahí conocí también a otros amigos que compartían mis mismos gustos.
Fue en ese entonces que me nació el deseo de hacer mis propios cómics... deseo que hasta ahora, después de más de 15 años, no se ha esfumado... para bien o para mal.

Pero eso lo contaré en la segunda parte de este relato. :)

Es cuanto.

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