martes, 20 de abril de 2010

La inminente llegada del "Ortegapachequismo"




A unas cuantas semanas de las elecciones del 16 de mayo en Yucatán, empiezo a aceptar con resignación lo que es inevitable: que finalmente el PRI se quede con la alcaldía de Mérida y, con esto, que los tentáculos de Ivonne Ortega se extiendan a todos los poderes en el Estado.
Hoy leí la editorial de Manuel Castilla Ramírez en el Diario de Yucatán en la que explica qué nos depara a los yucatecos si el poder del PRI se llegara a extender a la alcaldía de la capital del sureste mexicano. A continuación las opiniones que me parecieron más relevantes:

En la estrategia del PAN para defender su bastión en Mérida, único que le queda en el país, no le ha advertido al electorado que Yucatán está en riesgo de regresar al cerverismo que durante más de tres décadas tuvo cancelada la democracia, con gobierno autoritario que tuvo sometido a los poderes Legislativo y Judicial, como hay pruebas evidentes de ello en los tres años de la actual gobernadora que ahora pretende consolidar su poder gobernando desde dos palacios y legislando con un Congreso sumiso que le permita reiniciar en 2012 una nueva época caciquil.

La campaña electoral ivonnista que está a la vista y que sólo los ciegos o excesivamente prudentes no quieren ver como signos evidentes de que el domingo 16 de mayo podría darse en Yucatán una elección de Estado, que no sería otra cosa que la reencarnación del cerverismo en la remodelada figura anatómica de la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco, para dar vida al “ortegapachequismo”. Por lo que a este escribidor se refiere, mi voto del 16 de mayo próximo será en contra.


Desafortunadamente el pueblo nunca se ha caracterizado por ser muy reflexivo (no por eso estoy tildando al pueblo de estúpido), y eso lo ha sabido desde siempre muy bien el PRI. Si a esto agregamos el poderoso aparato propagandístico y económico del Gobierno del Estado a una campaña prematura disfrazada de "precampaña" y a una campaña oficial en el que nos han estado saturando hasta el hartazgo de la cara de Angélica Araujo y sus corazones Ivonnistas (una descarada evidencia de quién es realmente el poder detrás del títere), da como resultado a un pueblo cautivado y enajenado con promesas cínicas como la erradicación de la pobreza y la creación de 35,000 empleos, sin contar con los acarreos, las fiestas, desfiles y el escándalo con que nos torturan los altavoces priístas cada mañana.
A pesar de todo, soy de naturaleza optimista y todavía conservo la esperanza que finalmente un porcentaje mayor de la población reflexione y no se deje engañar con música, banderas y promesas y se dé cuenta qué es lo que se está poniendo en juego en estas elecciones.

jueves, 1 de abril de 2010

Despierta la ira de Kukulkán




Una de las cosas que más recuerdo de mis tiempos de Scout son los campamentos que hacíamos a sitios arqueológicos, muchos de ellos apenas explorados en esos años, como Chacmultún o Ek Balam. Nuestro jefe de tropa, Joaquín Salazar Grajales (q.e.p.d.), tenía la costumbre de que cada vez que llegábamos, hacer una ofrenda a los "espíritus guardianes" del lugar. En su oración aclaraba que veníamos "en son de paz" y "con sumo respeto".
Una de esas veces fuimos Mayapán. Era ya muy noche cuando llegamos y después de hacer la ofrenda nos fuimos a dormir a una choza de paja ubicaba en la entrada del sitio.
Como buenos adolescentes inmaduros e imprudentes, algunos de los muchachos de la tropa comenzaron a hacer mucho escándalo. Alguien -no recuerdo si fui yo u otra persona- les recomendó que se moderaran porque "se iban a molestar los aluxes". Uno de ellos gritó "¡a mí que me c**a el p**o alux!" Esa noche yo dormí de los más tranquilo, pero a la mañana siguiente me llamó la atención despertar y no encontrar a nadie más en la choza además de nuestro jefe de tropa. Cuando salí a ver a dónde se habían ido los demás, me los encontré a varios metros del lugar, cubiertos con mantas, pálidos y temblorosos, con unas ojeras que les cubría la mitad de la cara.
Cuando les pregunté qué les había pasado me contestaron: "no pudimos dormir... toda la noche nos estuvieron asustando; tiraban piedras y nos pareció ver varias veces que alguien corría alrededor de la casa".
Narro esta peculiar anécdota porque fue una de las cosas que me vino a la mente después de enterarme del aparatoso accidente que hubo en Chichén Itzá mientras instalaban el escenario para el concierto de Elton John.
La mayoría de los yucatecos desde niños aprendemos si no a venerar, si a respetar a los espíritus que habitan en el monte, especialmente si ese monte se ubica en o cerca de antiguos asentamientos mayas.
Hasta el más escéptico yucateco que se precie de serlo reconoce que hay algo ahí... algo con lo que hay que ser prudente y respetuoso.
En mi anterior post hablé de lo indignante que resulta que el gobierno del Estado de Yucatán halla "comprado" Chichén para convertirlo en un local de espectáculos. Mencioné también que sin lugar a dudas el Santuario de Kukulkán, no por ser unas simples ruinas ha dejado de ser tierra sagrada... aunque para muchos nunca lo haya sido ni lo será, especialmente si lo que quieren es comercializar el patrimonio cultural y espiritual del pueblo maya.
Dos días después de expuestos mis puntos de vista me parece inquietante, aunque fascinante también, que casualmente haya ocurrido este accidente en el que hubieron varios lesionados y al parecer hasta un muerto.
Si yo fuera Ivonne Ortega o Esma Bazán reconsideraría seguir haciendo mis conciertos o querer convertir a Chichén-Itzá o cualquier otro lugar sagrado de los mayas en un parque de diversiones al estilo de Disneyland.
Piénsenlo bien, señores. No les vaya a pasar como a mis amiguitos scouts... que los espíritus protectores no los dejaban dormir.

Aquí unas gráficas de cómo quedó el escenario.